SIN MORIR EN EL COJIN

Dennis Genpo, maestro zen, creador del método Big Mind


64 años. Soy de Nueva York y vivo en California. Casado, dos hijos. Licenciado en Económicas. He sido atleta, hombre de negocios y, actualmente, maestro zen. Creo que la inteligenciaes una mente y un corazón abierto. Publico Gran Mente, Gran Corazón (La Liebre de Marzo)
Dennis Genpo, maestro zen, creador del método de autoinvestigación Big Mind.



A los 26 años yo era profesor de
educación especial para
niños de primaria y atleta
profesional, jugaba a waterpolo.
Vivía en Long Beach,
frente a la playa, con mi novia,
pero me preguntaba cómo me había
complicado tanto la vida.
¿La relación no funcionaba?
... Así es, una vez más. Me fui al desierto de
Mojave a contemplar mi vida yme pregunté
cuál era mi verdadero hogar.
Una pregunta importante.
Ese es el comienzo, cuando nos damos cuenta
de que hemos perdido algo o carecemos
de algo pero no sabemos qué, porque nos
lleva a buscar. Obviamente, tu hogar está
allí donde te encuentras. Creo que una de
las cosas que siempre andamos buscando es
poder sentirnos en casa en nuestro yo.
¿Se encontró a sí mismo en una duna?
Experimenté mi primer despertar, tuve la
sensación de que el mundo entero estaba en
mí y yo era el mundo entero, superé la barrera
del yo personal, supe que todos somos
uno y eso cambió mi vida para siempre. Lo
único que realmenteme importaba era compartir
esa experiencia con los demás y descubrir
más cosas sobre este sorprendente
viaje llamado vida.
... Y dejó a la chica.
Sí, y mi trabajo, yme fui a vivir a la montaña
como un ermitaño durante un año. Meditaba
tres horas al día y sólo comía arroz integral
y patatas.
Aprendería mucho sobre sí mismo.
Salieron un montón de cosas que estaban reprimidas,
como la ira, y me di cuenta de que
tenía un ego enorme y que necesitaba trabajar
con un maestro. Me fui a vivir con el
maestro zen Maezumi Roshi durante 24
años y me convertí en su sucesor.
¿Y venga koans?
Sí, esas preguntas que no pueden ser respondidas
desde la mente pequeña. Empleamos
muchos nombres para tratar de aprehender
lo trascendente, pero el problema consiste
precisamente en que la realidad es inasible,
no es dual, no estoy yo aquí y la realidad
allá. Y hasta el momento sólo hay dos vías
para ir más allá de la dualidad.
La gracia de Dios.
... Y la iluminación, que, no se sabe muy
bien cómo, llega tras años de esfuerzo, búsqueda
y meditación. El despertar consiste,
en última instancia, en darnos cuenta de
quiénes somos realmente.
Al zen se le conoce como la escuela
abrupta del budismo. Lo pasaría fatal.
Sí, años y años de entrenamiento y de práctica,
retiros de 90 días en los que meditaba
diez horas diarias sentado sin mover un
músculo. El agotamiento es una de las formas
más tradicionales de despojarnos del
ego, porque cuando estamos exhaustos también
lo está nuestro ego y no puede alentar
ninguna resistencia. En ese momento de la
entrega plena tiene lugar la comprensión.
Pues, ya se la regalo...
La entiendo, yo también me planteaba por
qué no puede, esa realización súbita, si es
omnipresente, ser alcanzada por cualquier
persona en cualquier momento.
Eso.
Me di cuenta de que por mucho que pasara
horas meditando y resolviendo koan tras
koan, problemas psicológicos como el resentimiento
o la ira no se resolvían, sino que
iban enterrándose, y así fue como paralelamente
comencé a estudiar la terapia junguiana
y la terapia Gestalt, haciendo hincapié
en el diálogo de voces.
Y lo aplicó a sus alumnos de zen.
Sí, y descubrí que la Barrera sin Puerta de la
que habla el zen, la que separa el yo de lo
trascendente, se podía atravesar pidiendo
permiso a quienes la custodian en nuestro
interior: el controlador y el protector. Así
nació mi método BigMind. Para establecer
contacto con la sabiduría interior, basta con
pedir permiso al ego.
El ego es una criatura muy sensible.
Cada uno de nosotros alberga en su interior
una plétora de voces. Piense en símisma como
en una empresa con muchos empleados,
ninguno sabe cuál es su cargo ni tarea,
ni quién es el jefe. Están confusos.
Cierto, la mente vive apabullada con tantas voces.
Es una empresa muy disfuncional. El proceso
Big Mind entrevista uno a uno a cada empleado
y les permite saber cuál es su trabajo,
por qué están aquí y que es lo que se supone
que deben hacer. Les da dirección y
sentido, los pone en contacto con su corazón
y les presenta al jefe.
El jefe debe de ser la Big Mind.
En lugar de tratar de llegar a algún lugar o
de esforzarse en convertirse en algo, uno
simplemente pregunta: “¿Podría hablar con
la voz de la Gran Mente?”, y a partir de ahí
habla como si fuera ese personaje.
¿Y?
Cuando nos damos cuenta de que el problema
reside en el yo (en términos zen, de que
el koan soy yo), se nos abre la posibilidad de
resolverlo dejando de identificarnos con el
ego limitado y estrecho, que es la causa de
todos los problemas. ¿Cómo? Identificándonos,
en su lugar, con lo que se encuentra
más allá de los límites del yo, la Gran Mente,
la no mente, o llámelo como quiera.
¿Cuál es su papel?
Yo soy el facilitador, el que pide hablar con
las diferentes voces que albergamos y les va
preguntando. El secreto consiste en darse
permiso a uno mismo de ser cualquier cosa
que quiera ser.


Entrevista de IMA SANCHÍS, para La Vanguardia.